Rozaste con la yema de tus dedos esa ansiada libertad. Por espacio de unos pocos minutos conseguiste saltar y empezaste a sentir la adrenalina recorriendo tus venas, encendiéndote como la llama enciende la pólvora. Caíste de bruces y todo volvió a ser como antes.
Para el hombre, la libertad es inalcanzable. Pero prefiero buscarla y estar más cerca de ella que resignarme =/
ResponderEliminarSaludos, suerte con el blog, va bien :)